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martes, 21 de junio de 2022

El Mito de la Caverna: la Educación

 El Mito de la Caverna, de Platón, es el paso fundamental entre la profundidad de la cueva hasta la salida de ella. De la educación depende que los ojos del ser humano se acostumbren de a poco a la luz que luego van a ver, para que ésta no lo enceguezca.

Cuando nacemos vemos esas sombras proyectadas en donde nuestra ignorante fantasía, inocente e infantil, nos hace imaginar un mundo diferente e irreal. El mal tema es quedarnos, al crecer, en ese infantilismo ignorante que nos impide evolucionar, ya sea por comodidad o por falta de recursos para ser educado.

Cuando salimos de ese estadio para adquirir conocimientos, es cuando empezamos a escalar la subida que nos lleva a la puerta de la caverna y a la luz del sol, de la verdad. Nuestros ojos, acostumbrados a la oscuridad de la ignorancia, deben ir paulatinamente abriéndose para ver mejor la realidad de las cosas de la vida y del mundo que nos rodea, apreciando su amplitud y su infinita variación. Si no lo hacemos así, la verdad nos enceguecería y no podríamos comprenderla como corresponde.

De ahí que la educación es tan importante. Sólo ella, la educación, nos saca de la oscuridad y sólo ella, y nadie más, nos ayudará a no quedarnos ciegos. La educación desde la tierna niñez es fundamental y, si no se ha tenido esa suerte, siempre hay tiempo de instruirse porque, ante la voluntad de aprender y aprehender, ningún obstáculo se resiste.

Así es mi explicación, sencilla.



martes, 7 de junio de 2022

La educación es la base de la evolución

 Lo creo absolutamente y no me cansaré de repetirlo.

Aunque no debemos caer en el lugar común de lo que se escucha decir —por falta de educación, justamente— que hay seres intelectuales y educados que son criminales, que la verdadera falta es el amor, que dios, que la compresión y todas esas cosas abstractas e impracticables, ya que no se puede esperar mágicamente que todo eso suceda en la humanidad.

La educación, la verdadera educación, es la única herramienta capaz de lograr que los problemas se minimicen, es una acción tangible que logra el cambio. No me refiero a cuántas horas duró cierta batalla del siglo XVIII, ni cómo se llama un río de Estonia ni cuánto mide el cerro Aconquija. Ni siquiera me refiero a cómo se escribe una frase, ni cuál es el resultado de una ecuación logarítmica. Me refiero al conjunto de instrucción que se debe impartir para que el ser humano, desde niño, sepa razonar, discernir, empatizar, conocer las diferencias entre seres humanos, estimular la creatividad para encontrar consensos fácilmente, educar su cuerpo y su mente para ser una persona de valores. Filosofía, historia, matemáticas, lengua, geografía, arte, reglas de convivencia, y todo lo demás son elementos que deben formar, en su conjunto, mentes libres y pensadoras que analicen con soltura y seguridad los problemas de su entorno y eso se propaga universalmente.

¿Que parece una utopía? Lo parece, pero no lo es. Solamente es algo demorado ex profeso desde hace bastante tiempo porque a los poderes les convienen personas iletradas, sumisas, ignorantes y prejuiciosas. Todo ese combo lleva a problemas, falta de ingresos, injusticias sociales y económicas, un paquete del que se nutren unos pocos para engordar sus bolsillos tranquilamente a costa de muchos.

Esta educación de la persona integral, niñas y niños, se está dando en ciertos países lentamente, con mucho esfuerzo para crecer. Pero está viniendo, todos nosotros no lo veremos mucho, pero sabemos que está implementándose y que debe seguir creciendo sin pausa.

La educación integral y correcta enseña respeto y a partir de todo eso, vienen las demás cualidades. La educación al alcance de todos, para enseñar valores al mismo tiempo que instrucción, es la clave. No caigamos tampoco en el otro lugar común en el que se afirma hasta el engorroso cansancio que los valores se enseñan en el hogar. Sí, es cierto que debería ser así, pero son muchos más los hogares disfuncionales, ausentes, inexistentes o carentes de esos valores. La escuela, entonces, es la que debe suplir esa falta. Sin discusión, para todos por igual. Para los niños de hogares afortunados que encuentran en la escuela que es verdad lo que sus padres les dicen y para los desfavorecidos, que aprenden lo que nadie les enseñó desde la cuna.

Hoy en día se forma a los estudiantes simplemente para que se adapten y se amolden al modelo social predominante, pero el compromiso que debemos asumir es el de formar para no reproducir lo predominante, máquinas para alienar y trabajar para otros, sino para ayudar a los alumnos a ser personas auténticas y plenas, capaces de mirar la realidad de una manera lúcida y de estar siempre comprometidas en su transformación: pensar por sí mismas, ser críticas, actuar en coherencia con sus valores y principios.

En resumen, hay que formar, sobre todo, personas competentes, capaces de discernir los signos de los tiempos de una forma crítica, comprometida y reflexiva.

Por lo tanto, insisto, en la educación al alcance de todos está la base de la evolución de la humanidad.