lunes, 4 de julio de 2022

Cómo leer "La Odisea"

 La Odisea trata de una literatura formal, narrativa. Es una historia, no una idea. Es una secuencia de aventuras, desventuras y epopeyas que vive Ulises —Odiseo— cuando después de la lucha en la Guerra de Troya quiere regresar a su casa, habiéndole llevado veinte años de ausencia. Su hijo, Telémaco, ya tiene esos veinte años de edad y sale en busca de su padre, mientras Penélope, su madre, intenta con artimañas frenar a los codiciosos del poder de Ítaca, considerando a Odiseo muerto.

La característica de Homero, el autor de la historia escrita como poema o canto, es ser sintético en su manera de expresarse lo más posible con el mínimo de palabras, lo cual indica que no tiene vueltas en sus descripciones. Es mucho más sencillo, de lejos, que los estilos literarios que vinieron después —Góngora, Dante, etc.— El tema es proponerse entenderlo y seguirle el hilo y no es difícil. La leí de niña, y el poema original, imagínense que no sería difícil para nada. Recuerdo —entre lo mucho que recuerdo— cuando Odiseo se muestra como es después de haberse hecho pasar por un pobre forastero, y al tensar su arco —que sólo él y nadie más podía tensar— "Todos se sintieron poseídos del pálido temor". Con pocas palabras ya está diciendo mucho del ambiente que dominó en ese momento. No veo las vueltas, honestamente.

Si se lee con gusto y con un diccionario a mano —si es digital, mejor, es más rápido— por aquellas palabras que puedan sonar arcaicas o de poco uso, o nombres de dioses y de personajes, se entretendrán, porque es una historia apasionante llena de aventuras y de emociones.

sábado, 2 de julio de 2022

Protegiendo al arte del mundo

Entiendo que lo que diré ahora será polémico para muchos. Adelante, pues.

Desde adolescente me parecía una atrocidad ver obras de arte y arqueología importantísimas luciéndose en los museos de los países que se apropiaron de ellas. Con el tiempo comencé a ver las cosas con una mirada más benévola.

Sabiendo luego, al estudiar, que el Partenón de la Acrópolis ateniense fue convertido en un polvorín y luego explotado por los enemigos, caí en la cuenta de que si el Museo Británico de Londres no hubiese comprado y/o robado las piezas fantásticas que tiene, quién sabe en qué estado se encontrarían hoy. Esto es solo un ejemplo.

Mediando un acuerdo —que tengo entendido que existe— entre Grecia y el Reino Unido de devolverse las obras sustraídas para determinado año (Bélgica ya devolvió un centenar de ellas), ya no veo tan mal este despojo de obras en su momento.

Recuerdo con inmenso dolor el yacimiento arqueológico de Palmira volado por explosiones y estatuas invalorables de Nínive destruidas a golpes de martillo neumático por los fundamentalistas de ISIS. No estuvieron a salvo por estar en su propio país.

En el mío, Argentina, se han robado a través de valijas diplomáticas gigantescas, miles de piezas arqueológicas, mayormente diaguitas, que se lucen en los museos de Inglaterra, EEUU y Alemania, especialmente este último país. La culpa es nuestra, tardamos mucho en darles el valor adecuado y en crear la Ley 25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico que está hoy en vigor desde hace pocos años. Antes de eso, el vandalismo por buscar valores de oro inexistentes debido a la fantasía o mito popular, y la poquísima cultura que conduce al desamor por lo nuestro, del argentino medio, ha destrozado innumerables yacimientos arqueológicos de nuestro Sud América. He visto y fotografiado una conana de dos mil años utilizada para darle agua al gato y una vasija Santamariana (850–1480 d.c.) como portamacetas, pintada como un payaso con esmalte sintético de colores verdes, rojos, blancos. Ignorancia criminal. La vasija y la conana fueron rescatadas por nosotros y puestas bajo la protección de la Ley de Patrimonio.

Por eso, cuando los países originarios de estas invaluables piezas arqueológicas y artísticas lo merezcan, por adoptar una cultura proteccionista y correcta, las obras deberían volver a sus tierras mediante las vías legales que correspondan. No se justifica ningún despojo, pero cuando se trata de algo irrecuperable, de lo malo se rescata lo bueno, porque una obra de arte y/o histórica no tiene precio para el acervo de conocimientos y de la idiosincrasia que la historia nos da a todos.

Cuando la fotografía es arte

 Exactamente como en las demás disciplinas del arte, una obra como tal se identifica cuando se conjugan, en ella, composición, armonía, plasticidad, comunicación, sentimiento, conocimiento profesional, técnica, creatividad. La fotografía no escapa a esa ecuación y aquella que tiene todos los elementos se convierte indiscutiblemente en obra de arte.

Hay un hecho que parecerá curioso: Cuando un pintor o dibujante realiza una obra ante la cual, ciertos espectadores exclaman queriendo, de buena fe, elogiar ese trabajo: "¡Parece una foto!". Es muy flaco el favor que le hacen al artista al decirle un cumplido que jamás caerá como tal, sino que le producirá incomodidad. El pintor o dibujante no pretende que su obra se vea como una foto, sino como lo que es, una obra creativa, personal, hecha con habilidad, talento y mucho trabajo.

En cambio, curiosamente, cuando vemos una fotografía realizada de modo artístico, si exclamamos "¡Parece una pintura!", eso es otro cantar. Porque sí, el laborioso trabajo de crear una obra fotográfica implica tanto trabajo, conocimiento y talento como elaborar una pintura. Ahí es cuando la fotografía es arte puro.

Aquí, unos poquísimos ejemplos de fotógrafos de ayer y de ahora, que nos muestran productos de arte indiscutido, porque bien se sabe que la calidad de cada obra fotográfica la definen los diez centímetros que separan a la cámara del ojo de su artista creador.

Autor no encontrado.

Daniel Bron

Zena Holloway

Autor no encontrado.

Rudy Huisman

David Burdeny

Pedro Luis Raota

Imogen Cunningham

Julio Galindo

Andreas Feininger

Todos tenemos un momento de “estoy en peligro”

 Fue hace dos años, estaba trabajando en la ciudad de Lobería, a unos doscientos kilómetros de mi casa. Era el momento de la restauración de una importante escultura ecuestre de tamaño un poco más grande del natural, el Monumento al Gaucho, realizado por el escultor Hidelberg Ferrino, obra que después de 30 años, entre la intemperie y el vandalismo que siempre sobra aquí, en mi país, se había deteriorado demasiado.

Sobre un andamio de ocho metros de altura, de dos pisos, me puse a trabajar día a día, trepando como un mono feliz, contando con la ayuda de un joven peón que me alcanzaba las cosas desde el suelo. Era otoño avanzado y para el frío de esa zona, yo estaba bien abrigada.

Soplaba tan fuerte el temporal de viento y llovizna esa mañana, que cuando intentaron poner la lona sobre el alto andamio para protegerme, se sacudieron violentamente todos los caños y tablones. Más ataban la lona, más se inflaba como un globo y más violentas eran las sacudidas, provocando vértigo en mi estómago y la caída de algunas herramientas. Tuve que pedir que la sacaran, gritándoles -apenas nos oíamos- que iba a "terminar yéndome por los aires como Mary Poppins, con andamio incluido."

Cuando terminé de trabajar, esa tarde, volví al hotel a descansar de una intensa jornada. Encendí el televisor con la idea de relajarme y distraerme para juntar fuerzas para darme una buena ducha y, por esas tremendas casualidades de la vida... ¿qué estaban pasando en el canal TCM? Justamente, la película Mary Poppins.

¿Cuál es la relación entre la ingeniería y el arte?

 El arte y la ingeniería pueden estar profundamente relacionados. Hay infinidad de ejemplos. Basta con ver algo que aún se está construyendo, que es un diseño que partió de un proyecto artístico, arquitectónico y que continuó, hoy en día, estrecha e indisolublemente ligado a la ingeniería civil y la ingeniería aeronáutica.

Estoy hablando, obviamente, de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí. He aquí dos videos muy breves, el primero muestra la tremenda epopeya del trabajo en equipo, aunados también con la ingeniería informática para llevarlo a cabo.

Para el asombro y la profunda admiración.


Un video aún más breve muestra la evolución del montaje de estas formas de gran calidad artística, formas simbólicas extraídas de la naturaleza y de audacia arquitectónica, llevada a cabo por la ingeniería.


La relación está en que el arquitecto es un artista, sabemos que la Escultura es la madre de la Arquitectura. Ambas disciplinas crean el proyecto buscando la armonía de las formas, los espacios, los volúmenes, las líneas de composición. La ingeniería se arremanga para llevar a cabo ese proyecto dentro de los márgenes seguros y estables, solucionando los ítems que se presenten para cumplir fielmente con el proyecto inicial.

Hay infinidad de ejemplos en el mundo, pongamos dos solamente, para terminar con la respuesta:

"La Señora de Belén", obra de 20 metros de altura sobre la cumbre de el Cerro "El Tiro", del escultor Hidelberg Ferrino, inaugurada en 1982, en Ciudad de Belén, Provincia de Catamarca, Argentina, luego de tres años de un riguroso trabajo de ingeniería, nacido de un proyecto escultórico.

"Puente de la Mujer", en Puerto Madero, Buenos Aires, obra de Santiago Calatrava, desafío de ingeniería que combina arte visual delicado y aéreo con la música, por un sistema de cables de acero que emiten sonidos al pasar el tránsito.

Mi respuesta sólo pretende ilustrar con una pizca de lo mucho y grandioso que hay en el mundo sobre el tema.

Crear con regla y compás

 El compás es una herramienta que me encanta, la uso mucho, preside mi tablero de herramientas en mi taller. Con él logro las proporciones, las formas, ciertas exactitudes, la creatividad en determinados proyectos.

La regla me ubica en una seguridad a la que a veces necesito echar mano para lograr solidez. Juntas, estas dos herramientas se complementan y con ellas logro infinidad de cosas.

En mis clases de dibujo hay que ver, siempre, estructuras. Y estas estructuras alguna vez requieren algo más técnico, lo que hace que debamos usar el pizarrón para explicar cómo.

Les mostraré mis gráficos, creados a mano alzada para usar a la hora de hacer nuestro famoso pentagrama, tan ligado a las proporciones áureas que desarrollaron Euclides, Vitruvio, Leonardo, Fibonacci

Es tan fácil que es a prueba de tontos, no tienen nombre los puntos, rómpanse un poco la cabeza, artistas y profanos, esto es sencillo con sólo observar.

Comenzamos, claro, con hacer lo primero: un círculo. Gracias, compás.

Luego, obviamente, una recta que pase por el centro. Gracias, regla.

El tercer paso es pinchar cada punto extremo de esa recta con el compás, para hacer marcas a ambos lados. De allí, sacamos una recta a 90º en relación con la otra.

Hacemos exactamente lo mismo con uno de los radios.

Pinchando la nueva mitad hallada, hacemos un círculo del tamaño del radio.

Desde uno de los vértices marcados en el diámetro grande, trazamos una línea que vaya hacia el centro de este círculo nuevo.

Nos quedan —vean los puntos rojos— un segmento que nos da una medida.

Pinchando el vértice anterior trazamos otro círculo con esa medida.

Tenemos otro segmento nuevo, diferente.

Siempre pinchando ese vértice, tomamos la otra medida que se ha definido con el pequeño círculo y la diagonal trazada.

Desde ahí mismo delimitamos otros puntos.

Miren los puntos verdes, bien definidas las cinco marcas.

¡Voilà! Ya tenemos el pentágono. ¿Qué tal?

¿Cómo se hace el color "piel?

 Ante todo, ¿cuál color piel?

Porque tonos de piel hay muchísimos. Para todos ellos se usan más o menos los mismos colores: amarillo, azul, rojo, una pizca de verde, una pizca de tierra, blanco. Las distintas proporciones definen la intensidad del color.


Con los mismos elementos, retratarías a la humanidad entera.