sábado, 2 de marzo de 2019

¿Existen personas realmente bellas?

Anoche he tenido una charla a raíz de esta interesante pregunta que alguien hizo. Se habló de que la belleza humana NO es subjetiva, que es “real”, que hay una proporción áurea armónica que un cirujano plástico creó, que ajustaría a los rostros a la perfección estética.

En lo que me compete, la belleza sí es subjetiva. A pesar de la famosa y recién nombrada “máscara de Marquardt”, el cirujano plástico que afirma que se puede ajustar el rostro a cierta estructura modelo, se confirma la regla general de que las personas intervenidas quirúrgicamente en lo estético, terminan pareciéndose todas entre sí. Además, responde a un gusto occidental que no aplica al gusto africano, ni al oriental, ni a los nativos de distintas etnias. Los gustos son muy diferentes y no es posible afirmar de modo absoluto que una persona es más bella que otra. Porque no vamos a decir, de ninguna manera sin pecar de soberbios, que la raza a la que pertenecemos, cualquiera sea, es más bella quela otra. El espectro de la belleza pasa a través de un prisma mucho más amplio.




En lo artístico, que es mi ámbito, la belleza se valora por otros cánones. Aunque sepamos que, para muchos, Marilyn Monroe es una de las mujeres más hermosas del mundo (y dentro de mi gusto lo creo así, definitivamente), a la hora del arte la belleza cambia de lineamientos. Porque incluso una persona bella se vería un poco grotesca o inexpresiva según el artista que la represente. Por el contrario, en las obras bellas de personas “bellas” se busca la fuerza, la plasticidad, la expresión, el espíritu de esa persona, y un rostro en escultura de Marilyn se opacaría irremediablemente ante un formidable retrato de, por ejemplo, Alessandra Ferri, bailarina de ballet retratada por el genial Wolfgang Alexander Kossuth.


El retrato en el arte es, siempre, armonía. No tiene importancia si nos gusta la persona retratada no, para el arte hay otros conceptos que nos hacen ver bellas a las personas. Las proporciones cuentan, pero no la de Marquardt, en absoluto, eso es frívolo y comercial, sino la plasticidad de los rasgos, la fuerza de las líneas, el peso de la mirada, la profundidad de la expresión que pueda mostrar al espectador un alma encerrada en esa caja de trazos y planos sobre un papel o sobre el soporte que sea. El objetivo es mostrar lo que cotidianamente no se ve, lo que los medios no saben o no quieren describir, separar nuestras posturas y nuestros prejuicios para abrir los ojos y ver con la ingenuidad de los niños ante el asombro de la naturaleza. Porque la gente sensible se ve obligada a quedar boquiabierta con retratos magistrales como éste, obra de Carlos Medina. Ése es el objetivo.
Si buscamos hombres perfectitos estilo Ken o mujeres perfectitas estilo Barbie, nuestra obra artística parecerá eso, rostros de muñecos. Pero si buscamos arrollar, impactar, llenar de admiración y enchinarnos la piel, preferimos embobarnos con rostros sólidos, expresivos y fuertes como la gran Maria Callas, por decir algún ejemplo, Oded Fehr o el magnífico (permítanme secarme las babas) Anthony Quinn.


Con ello quiero decir, o mejor insistir, eso de que la belleza, como el arte, es subjetiva, jamás será la misma para todos. Porque la belleza es arte, por lo tanto tiene las mismas cualidades una del otro. El amor de tu vida será el más bello, nuestros hijos los más lindos del universo entero, y nuestras obras sólo serán buenas si la belleza que muestran, además de estar a flor de piel en el material elegido, también viene de adentro hacia afuera, impactando en el espectador que no se olvidará, admirado, de lo que vio. La perfección no está en hacer rasgos perfectos, sino en hacer emociones perfectas.

Soy testigo directo de lo emocionante que es intentar hacer retratos de esas personas que nos dejan temblando de excitación, cuando buscamos que el alma salga del material inerte y nos golpee al pasar e irse, dejando la huella que la eternice.

Ésa es, para mí, sin lugar a dudas, la verdadera belleza de las personas.



Elizabeth Eichhorn

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