sábado, 2 de marzo de 2019

¿Qué cosa nos cansa a los artistas explicarle a la gente?

Una y otra vez, a lo largo de nuestro camino, los amigos, conocidos, familiares incluso, nos han hecho preguntas parecidas a éstas las que, haciendo acopio de calma y respirando hondo, procuramos responder (una y otra vez, incluso), con la esperanza de que se entienda de algún modo al fin. Y estás son algunas:

· Que no, que el arte es una necesidad personal, una vocación, una profesión de mucha investigación, práctica y trabajo, no un capricho bohemio o algo que hacemos para matar el tiempo, o porque el tiempo nos sobra o porque somos demasiado vagos para trabajar en algo “normal”.

· Que no todos los artistas son bohemios, algunos somos organizados, tenemos una casa ordenada, cumplimos con cada plazo que la sociedad nos impone, impuestos, servicios, reuniones, horarios.





· Que no, por no ser bohemio, el artista es frío e insensible en sus creaciones, existen artistas super apasionados que vuelcan fuego y sentimientos en su obra y, sin embargo, tienen una vida razonablemente ordenada.

· Que no por ser artistas dedicados a su profesión, taller, obras, sueños e inspiraciones se descuida a la familia y se encierra cada uno en su mundo de fantasía. Nos encerramos en nuestro mundo de fantasía, es cierto, pero en el momento correcto, la mayoría somos padres presentes, esposos atentos y amigos que tienen en cuenta a sus amigos, en una palabra, personas normales. Si un artista no es todo esto último, no es por ser artista, sino por ser persona egoísta o desentendida. Nada más que eso.


· Que no necesariamente tenemos que ser locos, raros, enfermos mentales, exóticos, viciosos, sucios. Los que lo son se destacan y por eso la gente cree que todos son así. Nada más falso. Nuestro amado Van Gogh fue un incomprendido, qué distinta hubiera sido su vida con una terapia adecuada, y era un caso en particular, no es una condición que todos los artistas deben tener.




· Que no, que no somos millonarios, ni pobres como lauchas encerrados en una buhardilla, algunos tienen la suerte de estar patrocinados, otros tienen fortuna personal, y la mayoría somos mortales que deben ganarse el sustento día a día como cualquier ser humano, unos tienen la dicha de vender lo que producen, otros dan clases, otros ambas cosas, muchos trabajan de otra cosa y le roban horas al sueño para hacer lo que su vocación le pide. El común denominador de todos es la pasión por el arte. Como en cualquier profesión de cualquier ámbito. Ama lo que haces y no será un trabajo, será una sucesión de satisfacciones personales en cada obra realizada.

· Y la más común de todas: no necesariamente el artista tiene que sufrir para hacer obras geniales. Eso es un mito, es producto de una creencia generalizada e ignorante. La mayoría de los artistas necesitamos un ambiente de paz y armonía para poder crear y trabajar, es de donde salen las mejores obras. Si un artista famoso sufrió mucho, es porque le tocó mala suerte, hay innumerable cantidad de grandes maestros de la historia del arte que tenían una hermosa y plácida vida. Con los altibajos de cualquier persona común, claro.

· Que podremos ser diferentes, sí, y es la misma diferencia que existe entre un médico y un mecánico, un comerciante de un policía, un modisto de un carpintero. Cada profesión u oficio da a su hacedor una percepción de la vida diferente de la de los demás, y eso es normal, es bueno, es complementario. Al que le preste atención a un artista cuando hable, se le brindará la oportunidad de ampliar el panorama de sus conocimientos, si le interesa. Como cuando escuchamos, embobados, hablar a un filósofo sobre Foucault, o a un pastor del cerro que nos cuenta cómo tiñe la lana que esquila de sus cabritas, para después llevarlas al telar de peine y pala.

· Y ésta, es nuestra favorita: - ¿Cuánto me cobras por esta “lámina”? (triste nombre que le dan a un original que hemos hecho, ya sea un óleo, una acuarela, un lápiz pastel) Luego de decirle el precio al interesado, nos pregunta, ni lerdo ni perezoso: - ¿Cuánto tiempo te lleva hacerlo?. A lo que respondemos - Depende, puede ser un par de horas o un rato. Y luego viene la estocada final, no falla: - ¿Y por un ratito de trabajo me cobras ese dinero?. Respirando hondo para no convertirnos en homicidas, damos nuestro cierre final: - Si, cobramos eso por cuarenta años y un ratito. 

Eso sí, cuando piden rebaja, muy amablemente guiamos a la persona a la puerta de salida y le aconsejamos que pinten el cuadro ellos mismos.

Elizabeth Eichhorn





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