Mostrando entradas con la etiqueta mar del plata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mar del plata. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de mayo de 2022

La importancia del artista de mantenerse informado

 Mantenerse medianamente informado es importante porque vives en el mundo y lo que en él pase te ha de tocar de una o de otra manera. El tema es informarse bien, con propiedad y con fuentes creíbles, que expliquen su argumento y/o lo documenten.

En lo que a mí me toca, no es una excepción. Si debo hacer una obra que represente algo histórico determinado, debo informarme, so pena de que un conocedor del tema me señale un error vergonzoso. No hay atajos: hay que estudiar, investigar, buscar serias fuentes y documentos.

No se puede hacer una escultura del General San Martín con una chaqueta de uniforme al estilo de los húsares, que se usaba mucho en esa época, pero no era su chaqueta. Este es un ejemplo burdo que sirve para el tema de la información.

En mi ciudad existe un Monumento al Gaucho, realizado en bronce por el escultor Juan Grillo, nacido en la ciudad de Buenos Aires en 1895 y fallecido en el año 1966.

Cuenta la historia que este monumento, una vez terminado, tardó 20 años en ser emplazado e inaugurado, por la burocracia —cuándo no— del gobierno y por los incumplimientos por parte de quienes lo encargaron. Al inaugurarse, fue tanta la emoción de su autor que falleció poco tiempo después, por afecciones cardíacas.


La escultura es maravillosa, con un gran conocimiento anatómico, una elegancia y plasticidad que hace imposible pasar por la rotonda en la que está, sin mirarlo. Es de verdad, una magnífica obra de arte. Pero…

El gaucho verdadero es un errante jinete de las pampas que se dedica a la ganadería en donde lo llamen o en donde puede trabajar, de estancia en estancia. Es un campesino humilde que vive en las llanuras y que las atraviesa con su poncho y su caballo como únicos tesoros propios, bajo el viento, el sol y la lluvia. El gaucho es un hombre libre y rebelde ante la autoridad, especialmente cuando es arbitraria.

"Soy gaucho, y entiendanló

como mi lengua lo esplica,

para mí la tierra es chica

y pudiera ser mayor,

ni la víbora me pica

ni quema mi frente el Sol."

(del Martín Fierro, de José Hernández)


La escultura que nos ocupa… ay, no es un gaucho. No es el gaucho que se pretendía representar. Juan Grillo buscó información en los paisanos que trabajan con el ganado en el Mataderos de Buenos Aires, considerando que esos eran gauchos y no, no lo son.


Para comenzar, el gaucho argentino jamás se arremangaba, eso una costumbre moderna y sólo en pleno trabajo de campo, jamás fuera de eso. El gaucho tradicional usaba la manga con el puño abotonado o, si no tenía puño, la dejaba a lo largo. Su sombrero era de tipo parecido al hongo, ala corta o ancha, siempre recta.


Su caballo, que era su orgullo y su más preciado tesoro, era siempre de raza criolla, el del monumento es un caballo cuarterón, que se usa para pechar a las vacas del matadero. Y además, era entero, jamás el gaucho montaría un potro capado. El lazo siempre lo llevaba a la derecha, la mano que usaba para enlazar, nunca sobre la grupa. Y no tusaba jamás ni la cola ni las crines tan cortas, si lo hacía era sólo un poco, dejando el mechón más largo en la base del cuello para agarrarlo cuando lo necesitara.


El escultor le vistió los pies con unas hermosas botas de potro, de las que hay dos tipos: las abiertas y las cerradas. Fue una pena que le pusiera las abiertas, que eran así para estribar entre los dedos, a lo indio. Porque su bello paisano tiene unos estribos circulares que el gaucho no usaba, ya que se usan hoy en día para que los bovinos no le rompan la pierna al golpear con su cuerpo al costado: es lo que se usa, efectivamente, en los arreos del matadero.


Todo esto me lo han dicho los mismos paisanos modernos, que al vestirse elegantemente de gauchos para los acontecimientos importantes, lo hacen con sus mejores galas respetando la costumbre tradicional, orgullosos de ella. A eso me refiero con estar informado: siempre hay alguien que sabe del tema y que te señalará el error.

De lo que resulta que este Monumento al Gaucho, si bien no representa lo proyectado, no deja de ser, como escultura, una magnífica obra de arte que jamás me canso de admirar. Mas no como monumento histórico.

Apreciemos, de todos modos, los detalles plásticos de la escultura de Juan Grillo, como tal, como escultura. Ya ven, me he ido hasta allí para sacarle fotos para mostrarles.










viernes, 28 de diciembre de 2012

El Monumento que Mar del Plata NO merece tener


No es nuevo, no es insólito y, tristemente, es común. Los monumentos de la ciudad de Mar del Plata no sólo sufren el maltrato de los ignorantes y los emocionalmente torpes, sino también la traición en el abandono y el desdén de los que, supuestamente, están a cargo.

Aún en vida de su autor, el maestro Hidelberg Ferrino, los reclamos ya existían. Él mismo escríbía a los diarios solicitando su iluminación y su cuidado, tanto del de la Plaza España como el Monumento a la Fraternidad, en la rotonda de Champagnat y Colón, que (¡aún!) hoy, luego de 34 años, sigue sin luz a la noche. He aquí los detalles de su simbolismo y de su lamentable olvido por los funcionarios de cada turno: http://arteparalosamigos.blogspot.com.ar/2010/09/monumento-la-fraternidad-la-sintesis.html


Pero, éste que nos ocupa hoy, el Monumento a Cervantes, es una preciosa joya que se le regaló a la ciudad cuando ésta cumplió 100 años, en 1974, y menos mal que fue un regalo importante en un acontecimiento super importante, y de manos de gente ilustre de la ciudad... No vamos a detenernos en su historia y en su increíble y delicada belleza, ya que de estos temas se hablan aquí, la misma nota que fue publicada en el Diario La Capital y en revistas varias: http://arteparalosamigos.blogspot.com.ar/2009/11/aclaraciones-historicas.html 

Este monumento atesora, en su historia, un rosario interminable de sucesos penosos. Robos reiterados de lanza, espada, pintadas de todo tipo, destrucción de los baldosones hechos especialmente en tamaño y color para esta obra, destrozos en los escalones y la rampa por los practicantes de skate, peligroso debilitamiento de anclajes por "graciosos" adultos que se suben y saltan encima, y hasta un intento de robo bien organizado, con sierra eléctrica y camión a la espera inclusive, afortunadamente sin éxito, pero que igual se cobró una pata de bronce del borrico de Sancho.


Muchas historias tristes tiene en su haber. Y muy pocos consuelos de restauración. O restauraciones "provisorias" que ya llevan años. O restauraciones mutiladoras que taparon con tierra los simbólicos escalones, achicaron la leyenda significativa en el frente, reemplazaron con rampas de cemento grotesco (¡qué suerte aumentada, la de los patinadores!) varias de las curvaturas de césped, así no hay que cuidarlo y podarlo.


Pregunto yo: ¿qué tremendo quiebre, desbarajuste, hará en el presupuesto municipal contratar a un cuidador o dos? ¿Esos señores, los "placeros" de nuestra infancia, que con un silbato nos congelaban en el aire ante el amago de pisar el césped, siquiera? Hoy llevarían teléfonos celulares junto a sus silbatos y así se recurriría a la ayuda que se necesite en el mal momento. La Plaza San Martín tiene cuidadores, la única, y es porque está frente a la Municipalidad. La fuente de Alberdi también lo tiene, pero lo pagan las generosas manos privadas de los Hoteles que tiene enfrente. Y la Plaza España, de lejos y sin duda alguna la más bella de la ciudad, está a la buena de Dios, y que pase lo que pase, no le importa a nadie, nadie la cuida, nadie la ama, nadie la repara.


¿Qué tremendo desbalance puede hacer al presupuesto municipal mandar a reponer la ranilla de bronce robada, de 30 centímetros, del burro que monta Sancho, que desde hace años es "provisoriamente" de... resina? Y hecha gratis por un escultor de buena voluntad, eh, que ni siquiera a él se le pagó.

Qué importante es que se refuerce el anclaje de la noble figura de Rocinante con su distinguido jinete, ya que se bambolea peligrosamente, aflojado por tanta gente adulta y pesada que se divierte subiéndose a ella...


Cabe aclarar que estos reclamos y sugerencias los hemos hecho en persona, en reuniones armadas para eso, pero, qué raro, cayeron en oídos indiferentes. Ya estamos tan cansados de lo mismo... Hay un total desamor por lo nuestro, tanto de gobiernos como de gobernados.


Habiendo tenido la suerte de viajar bastante, he tenido que decirle, a mi querida amiga ecuatoriana, Julieta, que padecía de honesta envidia ante la abundancia increíble de monumentos de bronce en Guayaquil. ¡Uno en cada cuadra! ¡O a cada dos cuadras! ¡Por todas partes! ¡Intocables! Yo misma me estremecí de admiración profunda al acariciar los rostros de la maravillosa "Fragua de Vulcano", impecables, ahí nomás, a la altura de mi mano... O en España, en la pequeña ciudad de Móstoles, ver una escultura porque sí, el "Lector de biblioteca", en medio de la vereda, sin que nadie lo saque de su concentración sobre el libro también de bronce. O en Barcelona, en pleno centro, una bailarina de bronce posada sobre un ínfimo punto que nadie intenta quebrar... Y las demás ciudades, todas, que nos dejan boquiabiertos con su impronta de amor por el arte... Arte que no se roba, no se lastima, no se ensucia, no se ultraja, arte que nos ensimismaba hace veinte años y que nos volverá a ensimismar mañana, cuando lo volvamos a ver...


Guayaquil, Quito, Móstoles, Madrid, Venezia, Roma, Barcelona, Atenas... ¿Quieren este monumento a Cervantes? Hablen con los que "están a cargo", en Mar del Plata, pasen por las vías legales correspondientes. Levántenlo con la delicadeza que su poesía inspira y envuélvanlo como a una fina porcelana entre colchones. Y por favor, llévénselo a sus ciudades. ¡Llévenselo! Mar del Plata no se lo merece.


http://es.wikipedia.org/wiki/Monumento_a_Cervantes_de_Mar_del_Plata




Magnífico...