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jueves, 17 de agosto de 2023

El golpe en la rodilla

Cuenta la historia popular, que el genial escultor nacido en Caprese, Italia, en un momento de arrebato, golpeó la rodilla de su "Moisés" y le ordenó: "¡Parla!" (¡Habla!)

No hay ningún registro histórico sobre esta anécdota, sólo la transmisión popular del mito. La escultura de Moisés tiene una marca en su rodilla, producto de un golpe filoso alargado, seguramente eso originó la historia tantas veces contada. Lo que no se sabe a ciencia cierta es si esa marca la hizo su autor, o si se hizo accidentalmente a través de los siglos.

No se puede decir ni que sí, ni que no, sobre su veracidad, personalmente dudo mucho que Miguel Ángel, después de trabajar durante cuatro años en esa obra, y considerándola lograda —supuestamente, ya que nadie sabe lo que pasa por la cabeza de alguien, especialmente un artista— , le dé un martillazo, sobre todo en el mármol de Carrara escultórico, que es el más blando de los mármoles y eso le haría saltar un pedazo mucho más notorio.

Era medio loco, el carácter de mi amado y eternamente admirado escultor, pero no estúpido.

viernes, 20 de mayo de 2022

Las manos de los escultores

 Respondiendo la pregunta: ¿Usaban guantes los escultores en la antigüedad? ¿Los usan hoy?

Sí, claro que los usan. ¡Los escultores usamos guantes! Debemos usarlos, so pena de tener las manos despedazadas, cosa que, seguramente, en la antigüedad sucedería muy seguido, especialmente en los obreros que trabajaban la piedra y el mármol bajo la dirección de los maestros escultores. No era común el guante, era un lujo, a lo más que podrían llegar los obreros más rasos es a vendar sus manos con tiras de tela. Se pueden encontrar algunas referencias a su uso práctico para proteger las manos del trabajo y del frío ya en las épocas de Homero, pero era algo escaso, ya que mayormente se llevaba como signo de status o de prestigio, el mismo Tutankamón tenía un par en su tumba.

Ya en el medievo, los guantes eran usados como un símbolo de nobleza o de caballeros, de allí que viene la acción de desafiar a un duelo golpeando con un guante al oponente o arrojárselo a los pies, si el desafiado lo levantaba, el duelo ya estaba armado. Se usaban perfumados, de piel suave de cabra, camello o ante, muy finos. Era el regalo más deseado entre los aristócratas y los nobles. Incluso llegaron a estar bordados, especialmente en el Renacimiento.

¿El obrero? Nanay. A mano pelada y sin antibióticos, sin los primeros auxilios de hoy, las pasaban muy mal, pobrecitos. El trabajo era duro y no había demasiada contemplación.

En los tiempos actuales no tiene sentido arruinarse gratuitamente las manos. Las manos están desnudas en los momentos en que el escultor necesita modelar en arcilla o material maleable, decir que gato con guantes no caza ratones es lo más acertado en el tema de necesitarse sentir la obra que se va creando, como decía el gran escultor argentino, Rogelio Yrurtia"los escultores tienen los ojos en los dedos". Por tal razón, a la hora de los materiales duros, agresivos, cuando hay que usar guantes, si se quiere seguir en la tarea de crear más obras, ya que las manos son la herramienta más preciada del escultor, hay que cuidarlas.

Trabajar con piedra, mármol, resinas, metales, soldaduras, vidrios, pátinas, lacas, lijas, químicos, máquinas abrasivas, requieren guantes adecuados en todo lo posible. Sólo se quitan en los momentos en que se repasan los resultados en las superficies, para ver si se debe seguir —o no —, con el trabajo que se está haciendo. Y en las terminaciones se puede prescindir de estos guantes protectores, porque ya es más cuidado el detalle y no hay tanta agresión.

La tecnología está al alcance de la gente para hacerles la vida más fructífera, hay que hacer uso de ella.

Tallando la escultura de "Coronel Martín J. Thompson"

Modelando en arcilla.

Patinando la escultura de "General José de San Martín".

En esta escultura, Emilio Zocchi (1835 - 1913) representó a Miguel Angel niño esculpiendo la cabeza de un fauno, cuando trabajaba en el Jardín de San Marcos, tenía quince años y copió la cabeza de un viejo fauno a partir de un modelo antiguo que existía por ahí. Miren esas manitos en los toques finales y precisos de la obra, la forma correcta de tomar el mazo para golpes suaves y la gradina para los detalles puntillosos.

Cuando el niño le mostró su trabajo a Lorenzo el Magnífico, recibió una crítica en broma diciendo que el trabajo no era muy realista, ya que ningún viejo fauno habría tenido nunca una dentadura tan hermosa. Ni lerdo ni perezoso, Miguel Ángel modificó su trabajo rompiéndole los dientes y volviendo a mostrarla a Lorenzo, reconociendo su talento y aceptando al joven escultor en su casa del Palacio Medici Riccardi, para formar parte de la Escuela de Arte del buen maestro Bertoldo, quien fue su primer guía importante en la escultura.







sábado, 16 de marzo de 2019

Prueba testimonial

La mía es sólo una hipótesis en la que creo tan fervientemente, que la doy como un hecho. Desde luego, es algo personal y no lo puedo probar, no hay ningún testimonio escrito en la historia.

A quien admiro profunda, incondicional y vehementemente es al gran escultor Miguel Angel Buonarroti. Cada vez que pude, me he dado una vuelta para ver sus magníficas esculturas. Es una cuestión de piel, supongo, siento total amor por su personalidad y sus obras.

Lo que afirmo, después de haber estudiado al detalle cada centímetro de sus esculturas, es que fue un avanzado en su época, tan avanzado, que no se lo entendió. Cuando se afirmó durante siglos que sus esclavos para la tumba de Julio II quedaron sin terminar, nadie parecía notar que no, que todos están perfectamente terminados.



¿Puede alguien negar que estas obras están acabadas? ¿Que no hay una armonía absoluta entre esos cuerpos finamente pulidos y los bloques rugosos que los encierran? Los esclavos no tenían los pies libres, por eso no se podían escapar. Las manos aprisionadas porque sólo podían hacer lo que se les ordenaba, los rostros desdibujados porque eran nadie. Pero, en cambio, los cuerpos están deliciosamente trabajados, porque lo que les era útil a sus amos era la fuerza y la resistencia que podían emplear en sus trabajos.

Cuando un escultor hace una obra, primero la boceta toda en el material elegido. Luego afina las formas y al final se dedica a los detalles. Un escultor hace todo el conjunto para que los espacios y los volúmenes no fallen ni falten y para que se guarde la armonía. Y el pulido final se da a toda la obra, ese pulido que lleva un enorme y minucioso trabajo de acabado también se hace en la generalidad del conjunto. Eso no se ve en los esclavos y sí en todas las demás obras de Miguel Angel.



La Piedad de Palestrina, la más “suelta” de sus piedades, tiene todo el esmero en el trabajo pulido del cuerpo de Cristo, y los que lo sostienen son secundarios, como que “a nadie interesan”. El contraste de ese cuerpo vencido con su marco rugoso potencia su fuerza aunque esté sin vida. Hasta los trapitos que tapan su sexo están hechos con toda la finura de la tela… Vamos… Si dijeron que estaban “sin terminar” es porque no había llegado el impresionismo aún y todas las demás corrientes que lo siguieron, por lo tanto era inimaginable comprender semejante visionario adelanto en el tiempo…



Sólo una obra podremos decir con certeza que estaba realmente sin terminar: la Piedad Rondanini. Su autor tenía 89 años, y nuestro héroe estuvo trabajando en ella hasta seis días antes de morir...


Tómese éste como un testimonio personal, y estoy segura de que será muy difícil discutirlo con alguna prueba documental del mismo autor, sobre estas obras creadas demasiado temprano en un siglo demasiado antiguo.

Elizabeth Eichhorn