sábado, 21 de mayo de 2022

Los pintores de la Sixtina

 Pregunta recibida: ¿Qué artista italiano se encargó de la decoración interior de la Capilla Sixtina?

La pregunta no es correcta correcta.

La pregunta correcta hubiera sido "¿Qué artistas italianos se encargaron de la decoración interior de la Capilla Sixtina?". Así, en plural. De este modo la respuesta anterior sí hubiese tenido la oportunidad de ser correcta.

Porque pensar en la Capilla Sixtina y asociarla exclusivamente al gran Miguel Ángel —al que amo y admiro— no sólo es injusto, sino inexacto.

La Capilla Sixtina tiene muchas otras obras, todas enormes, realizadas por otros artistas italianos importantísimos, a saber:

Sandro Botticelli —¡tan luego!—:



Pietro Perugino:


Pinturicchio:


Luca Signorelli y Bartolomeo della Gatta


Domenico Ghirlandaio:


Cossimo Rosselli:


Fra Angelico:


¡Rafael Sanzio de Urbino!



Cuando fuiste —si fuiste— a visitar la Capilla Sixtina, ¿no viste ninguna de estas obras? Ajá, es comprensible porque lo mediático, lo turístico, lo espectacular te hace ignorar el entorno, te entiendo. De todas maneras, no deja de ser injusto, porque tamañas obras fueron realizadas por los grandes de la época y de la historia del arte, tienen su enorme valor artístico, posiblemente sin la espectacularidad y el "escándalo" de Miguel Angel pero, no por ello, menos importantes.

Y si no fuiste y querés ir, he aquí la Capilla Sixtina, casi completa: admira a todos.

























Hacer croquis con un modelo inusual

 Sucedió en una clase de dibujo, la experiencia fue magnífica y también en el fondo fue… inquietante para los demás. Yo había estado una hora explicando las estructuras anatómicas en el pizarrón, y luego de desmenuzar los detalles, los ritmos, las proporciones, elementos para crear croquis en uno o dos minutos, decidí llevarlo a la práctica poniendo inmediatamente un modelo vivo para dibujar.

Así fue cuando fui a buscar a mi viejo perro Menphi, ovejero alemán, más alto que la media de la raza, con sus 71 cm a la cruz, corpulento e impactante con su cara de oso serio. Era extremadamente bello y así como de bello, de pocas pulgas. Su carácter difícil me obligaba a guardarlo en un cuarto cómodo y luminoso, en donde pasaba las dos horas de la clase tranquilo y con música suave, junto a su compañera de la misma raza, para evitar conflictos que pudiesen surgir ante gente extraña que entraba a la casa.

Menphi, obediente como sólo él podía serlo, subió a la tarima del modelo y se sentó. Recuerdo que se podía cortar el aire con un pelo de su bigote, porque el alumnado —todos adultos— contuvo la respiración. Vanidoso como Johnny Bravo y concienzudo de su deber de ser la estrella del momento, se quedó muy quieto mirando uno a uno, a los alumnos sentados en semi rueda frente a él. A uno por uno, sin saltarse ninguno, fue mirando lentamente a la cara, y cuando terminaba la fila volvía a empezar. Fue memorable.

Sé que era un riesgo, y lo asumí porque estaba consciente y segura de mi confianza en la lealtad del perro, aunque eso no evitó que los lápices volaran, no sólo por el entusiasmo por el tema sino por la tensión: o dibujaban o el monstruo se los comía.

Pasaron 22 años y aún, en nuestras charlas de hoy, nos reímos con los ex alumnos que cuentan que nunca dibujaron tan rápido y tan bien y sudando la gota gorda. Eso sí, de las estructuras, los ritmos y las proporciones, no se olvidaron nunca jamás.

Imagen de Google.

Este es uno de los croquis que conservé de entonces.





viernes, 20 de mayo de 2022

Las manos de los escultores

 Respondiendo la pregunta: ¿Usaban guantes los escultores en la antigüedad? ¿Los usan hoy?

Sí, claro que los usan. ¡Los escultores usamos guantes! Debemos usarlos, so pena de tener las manos despedazadas, cosa que, seguramente, en la antigüedad sucedería muy seguido, especialmente en los obreros que trabajaban la piedra y el mármol bajo la dirección de los maestros escultores. No era común el guante, era un lujo, a lo más que podrían llegar los obreros más rasos es a vendar sus manos con tiras de tela. Se pueden encontrar algunas referencias a su uso práctico para proteger las manos del trabajo y del frío ya en las épocas de Homero, pero era algo escaso, ya que mayormente se llevaba como signo de status o de prestigio, el mismo Tutankamón tenía un par en su tumba.

Ya en el medievo, los guantes eran usados como un símbolo de nobleza o de caballeros, de allí que viene la acción de desafiar a un duelo golpeando con un guante al oponente o arrojárselo a los pies, si el desafiado lo levantaba, el duelo ya estaba armado. Se usaban perfumados, de piel suave de cabra, camello o ante, muy finos. Era el regalo más deseado entre los aristócratas y los nobles. Incluso llegaron a estar bordados, especialmente en el Renacimiento.

¿El obrero? Nanay. A mano pelada y sin antibióticos, sin los primeros auxilios de hoy, las pasaban muy mal, pobrecitos. El trabajo era duro y no había demasiada contemplación.

En los tiempos actuales no tiene sentido arruinarse gratuitamente las manos. Las manos están desnudas en los momentos en que el escultor necesita modelar en arcilla o material maleable, decir que gato con guantes no caza ratones es lo más acertado en el tema de necesitarse sentir la obra que se va creando, como decía el gran escultor argentino, Rogelio Yrurtia"los escultores tienen los ojos en los dedos". Por tal razón, a la hora de los materiales duros, agresivos, cuando hay que usar guantes, si se quiere seguir en la tarea de crear más obras, ya que las manos son la herramienta más preciada del escultor, hay que cuidarlas.

Trabajar con piedra, mármol, resinas, metales, soldaduras, vidrios, pátinas, lacas, lijas, químicos, máquinas abrasivas, requieren guantes adecuados en todo lo posible. Sólo se quitan en los momentos en que se repasan los resultados en las superficies, para ver si se debe seguir —o no —, con el trabajo que se está haciendo. Y en las terminaciones se puede prescindir de estos guantes protectores, porque ya es más cuidado el detalle y no hay tanta agresión.

La tecnología está al alcance de la gente para hacerles la vida más fructífera, hay que hacer uso de ella.

Tallando la escultura de "Coronel Martín J. Thompson"

Modelando en arcilla.

Patinando la escultura de "General José de San Martín".

En esta escultura, Emilio Zocchi (1835 - 1913) representó a Miguel Angel niño esculpiendo la cabeza de un fauno, cuando trabajaba en el Jardín de San Marcos, tenía quince años y copió la cabeza de un viejo fauno a partir de un modelo antiguo que existía por ahí. Miren esas manitos en los toques finales y precisos de la obra, la forma correcta de tomar el mazo para golpes suaves y la gradina para los detalles puntillosos.

Cuando el niño le mostró su trabajo a Lorenzo el Magnífico, recibió una crítica en broma diciendo que el trabajo no era muy realista, ya que ningún viejo fauno habría tenido nunca una dentadura tan hermosa. Ni lerdo ni perezoso, Miguel Ángel modificó su trabajo rompiéndole los dientes y volviendo a mostrarla a Lorenzo, reconociendo su talento y aceptando al joven escultor en su casa del Palacio Medici Riccardi, para formar parte de la Escuela de Arte del buen maestro Bertoldo, quien fue su primer guía importante en la escultura.







Nosce te ipsum

 La frase Nosce te ipsum, atribuida a Sócrates, aunque otras versiones históricas también lo atribuyen a otros filósofos de la humanidad, este aforismo de origen griego y traducido al latín, inscripto por primera vez en la parte frontal del Templo de Apolo en Delfos, Grecia, “Conócete a ti mismo”, se refiere al ideal de comprender la propia conducta humana y nuestro pensamiento, como punto de partida para comprender a los demás, formando así una interacción infinita que nos retroalimenta en sus idas y vueltas, nosotros-ellos-nosotros.

Tomando como ejemplo al sufrido y voluntarioso Sísifo de Homero, en su persistencia para rodar la piedra cuesta arriba de la ladera, aunque nunca seamos perfectos “hay que agotar el ámbito de lo posible”.


Las religiones, a través de los tiempos, nos hablan de los deberes morales a seguir para ganar, según sus promesas, el cielo. Las ciencias estudian, analizan y prueban los comportamientos y sentimientos de los seres humanos desde sus causas físicas y psíquicas, sus vivencias, sus expectativas.

Pero ni religión ni ciencia nos hace mejores personas por sí mismas. Sólo el estudio, la lectura idónea y el arduo trabajo de cada ser humano marcan la diferencia. Lo bueno y lo malo de esto es que depende de la voluntad de cada uno: bueno, porque depende de nosotros mismos; malo, porque solamente nosotros podemos hacer el cambio.

La filosofía es la disciplina más eficaz para lograr esta evolución individual de cada ser que se lo proponga. Lo hace, no por rígidas reglas establecidas como leyes con sentencias, ni como mandatos divinos con castigos para quien caiga en tentaciones vanas, sino dándonos las herramientas simbólicas que, en nuestro acto volitivo de estudiarlas, van haciendo poco a poco nuestra transformación interna que nos hará crecer y sentir como aquel tipo de persona que hemos elegido ser, para bien de nosotros y de quienes nos rodean.

El conocimiento filosófico nos incita a buscarnos a nosotros mismos para descubrir quiénes somos, a dónde vamos, cómo lo haremos en cada día de nuestra vida. No es solamente una revelación, una evolución, es también una obligación, un deber, un trabajo a tiempo completo. No es un modelo que debemos copiar, ni siquiera es una lista de cosas para aprender a hacer. Es simplemente ser como somos, únicos e irrepetibles, pero más depurados, mejor equilibrados, más libres del peso opresor de lo vano, de lo prejuicioso, extrayendo de cada uno de nosotros, en lo posible, el diamante que tenemos debajo de nuestra capa gruesa de piedra rústica, intentado dejarlo a la vista, al sol, para que todas sus facetas destellen su particular luz.

Como el diamante, no es un logro de un día, ni tampoco un logro por inercia, un crecimiento automático, una jerarquía que se gana por antigüedad: nada nos exime del trabajo y el estudio que hay que hacer, trabajo constante y perseverante.

Sin la auto observación, es imposible que un ser humano pueda llegar a conocerse a sí mismo. Es tomándonos el hábito de tener un breve y disciplinado tiempo diario, acompañados solamente por nosotros mismos, cuando tenemos la oportunidad de observarnos hacia adentro, como si fuéramos espectadores y no protagonistas de nuestro accionar y nuestro sentir.

Pero no nos engañemos, esta es una recompensa a un personal trabajo tenaz, no una casualidad ni un premio, es un trabajo que no se termina nunca. Que no se debe terminar nunca.

Elizabeth Eichhorn

Herramientas para la creatividad.

 El compás es una herramienta que me encanta, la uso mucho, preside mi tablero de herramientas en mi taller. Con él logro las proporciones, las formas, ciertas exactitudes, la creatividad en determinados proyectos.

La regla me ubica en una seguridad a la que a veces necesito echar mano para lograr solidez. Juntas, estas dos herramientas se complementan y con ellas logro infinidad de cosas.


En mis clases de dibujo hay que ver, siempre, estructuras. Y estas estructuras alguna vez requieren algo más técnico, lo que hace que debamos usar el pizarrón para explicar cómo.

Les mostraré mis gráficos, creados a mano alzada para usar a la hora de hacer nuestro famoso pentagrama, tan ligado a las proporciones áureas que desarrollaron Euclides, Vitruvio, Leonardo, Fibonacci


Es tan fácil que es a prueba de tontos, no tienen nombre los puntos, rómpanse un poco la cabeza, artistas y profanos, esto es sencillo con sólo observar.

Comenzamos, claro, con hacer lo primero: un círculo. Gracias, compás.


Luego, obviamente, una recta que pase por el centro. Gracias, regla.


El tercer paso es pinchar cada punto extremo de esa recta con el compás, para hacer marcas a ambos lados. De allí, sacamos una recta a 90º en relación con la otra.



Hacemos exactamente lo mismo con uno de los radios.


Pinchando la nueva mitad hallada, hacemos un círculo del tamaño del radio.


Desde uno de los vértices marcados en el diámetro grande, trazamos una línea que vaya hacia el centro de este círculo nuevo.


Nos quedan —vean los puntos rojos— un segmento que nos da una medida.


Pinchando el vértice anterior trazamos otro círculo con esa medida.


Tenemos otro segmento nuevo, diferente.


Siempre pinchando ese vértice, tomamos la otra medida que se ha definido con el pequeño círculo y la diagonal trazada.


Desde ahí mismo delimitamos otros puntos.


Miren los puntos verdes, bien definidas las cinco marcas.


¡Voilà! Ya tenemos el pentágono. ¿Qué tal?



























Palabras del maestro

 


Figura-fondo en la arquitectura

 En escultura, para que exista una armonía en sus formas, rige la misma regla estética que en la música. Así como la música tiene silencios, equilibrando sus sonidos, la escultura —y la arquitectura y todas las artes— tiene las formas continentes (masas) y las formas contenidas (vacíos).

El espacio vacío tiene tanta importancia como el de la masa: debe tener forma. Muchas veces se da, en esta búsqueda de vacíos con formas, darle un protagonismo equiparable a la masa, y aun, más protagónica.


Para los psicólogos de la Gestalt, el primer estadio en la organización perceptual es la configuración de totalidades, que consta de dos componentes: Una parte más estructurada y bien delimitada, denominada «figura» y otra parte indiferenciada y periférica que captamos de modo difuso, denominada «fondo».


Entonces es ahí cuando empiezan a lucir en armonía ambas formas, la figura (masa) con el fondo (vacío). Toda obra de arte que se precie como tal, juega con ambas cosas, formando una composición completa. Para la escultura, como para la arquitectura, he aquí unas imágenes de ejemplo:





Impactantes, ¿verdad? El fondo, o el espacio vacío, o la forma contenida son tan importantes que nos olvidamos de la masa que le da presencia.

Aprovecharé esta oportunidad para mostrar también unos ejemplos en pintura, diseño y grabados: