De 250 cm de altura, esta fantástica obra del escultor Cao Chong-en, retratando a Bruce Lee en su homenaje, preside su Memorial en Hong Kong.
miércoles, 19 de octubre de 2022
martes, 18 de octubre de 2022
Una obra que sacude
Cuando paseaba por la estación de Atocha, en Madrid, alguien me dijo que cerquita, ahí nomás, estaba el Museo Reina Sofía. Allí fui, a ver qué era. Un edificio moderno y muy espacioso, frente a una bonita plaza seca. Comencé a recorrer sus salas que mostraban una pareja muestra de obras muy modernas. En algunas pocas (muy pocas) prestaba atención, en otras, la mayoría, seguía de largo, ya que si no me "conmueven" a simple vista, no me detengo en ellas.
Al entrar a una gigantesca habitación, pobre de mí, ignorante al tope, me encontré con el Guernica que reinaba la sala, ¡yo no no tenía la más mínima idea de que estaba allí!
Creo que me puse pálida, mi corazón latió fuerte y me quedé sin aliento. Me deslicé por la pared hasta quedarme en cuclillas, mirándola fijamente, como atontada. No, no podía creerlo.
Reponiéndome del impacto, comencé a mirar la obra centímetro a centímetro. El desgarrador tema de la guerra es motivo de muchas expresiones plásticas. El objetivo es mostrar la crueldad, el dolor, el absurdo, la injusticia, la insensibilidad, el despojo. La aberración, en suma. Venga de donde venga, ninguna guerra es buena y, por tanto, ninguna pintura, si es tan magnífica como ésta, lo mostrará como un elemento "lindo".
Tiene una impresionante belleza, y no la de las cosas "bonitas", sino la del sentimiento, la de la composición creada para impactar, concientizar, sacudir, llegar al espectador. El color que choca, el detalle que angustia.
Esta obra de estilo expresionista refuerza esos sentimientos con los planos quebrados y retorcidos, ángulos agudos. No hay modo de pintar bella la guerra...
Pablo Picasso sabía cómo expresarlo cuando quiso mostrar el gris de fondo de la guerra. Más allá del vibrante color de la sangre está la ausencia de la vida, todos inmersos en la monocromía del caos. Las escrituras que dictaminan y/o protestan - en el centro- están en el cuerpo del caballo, símbolo del máximo dolor, retorcido en escorzo hacia el espectador impotente para ayudar. A la izquierda España, asombrada, en la piel del toro que la representa, guarda bajo la bóveda de sus patas a la madre que grita al cielo, totalmente transfigurada de dolor, con su hijo inerte en los brazos, quebrado.
Todos son pedazos sueltos, como resulta en un bombardeo.
La luz de la lámpara, modernismo o teísmo o ambas cosas juntas, es el ojo que mira endurecido todo el espanto. Quien entra por la ventana llevando la llama de la libertad, entra en pedazos. Las víctimas se arrastran por el piso entre miembros amputados con el arma rota en la mano del guerrero vencido. Medio invisible, la flor que lleva junto al arma es el sueño de vida y paz que se desvanece. La persona que se quema en su casa, población indefensa, mira al cielo la muerte vertical, la de los bombarderos. Todo es un caos y esta es otra pintura que grita en cada detalle. Ensordece. Tuve que hacer un movimiento para acallar el ruido asesino de mi cabeza.
La belleza de la obra radica en la expresión de lo horrible, que impresiona en el afán de que no vuelva a suceder. Es un cuadro atemporal, de siempre, de ayer, de hoy, y los dioses quieran que de mañana no.
El cuadro es el más elaborado y pensado de Picasso, realizó 45 bocetos o estudios previos que fotografió y amplió, al objeto de componer el conjunto de una manera coherente y expresiva. Todos estos bocetos, que se exponen en un apartado contiguo, muestran la evolución del proyecto desde el primer dibujo, cambiado totalmente hasta llegar al último y definitivo, los miré uno por uno, muy detenidamente.
Cuando observamos una gran obra de arte no siempre tiene que gustarnos. Es el derecho de cada uno. Lo único que podemos hacer, cuando se presenta ese caso, es intentar ver en profundidad lo que se quiso expresar (si cabe) y por qué de este modo. Y así entonces puede ser que siga sin gustarnos, pero le adquirimos respeto o, en muchos casos, como a mí me sucedió, lo hacemos parte del alma al comprenderlo.
Mis respetos a semejante manifestación de arte puro.
Conversación atribuida a Picasso y un oficial de la Gestapo, en Paris.
sábado, 15 de octubre de 2022
La sonrisa prehistórica
Las civilizaciones totonaca y olmeca, existentes en la zona de Veracruz, Puebla y más al norte, hacía un culto a la alegría con sus esculturillas, preciadas manifestaciones de felicidad, la totonaca fue una cultura tardía del año 800 d.C., aproximadamente, y la olmeca fue fundada mucho antes, en 1500 a.C, culminando cerca del año 500. Octavio Paz habla mucho de ellas, en sus magníficos escritos. Todas son auténticas joyitas del arte y de la historia.
Maravillosas, ¿verdad?
miércoles, 12 de octubre de 2022
Una obra en la piel
Hace cuatro años, mi hija me contó que un contacto de su página de Facebook, a quien ella apenas conocía, le había escrito en el messenger para ver si podría interceder ante mí por ella. Quería pedirme permiso para tatuarse una de mis obras, porque le había gustado.
Atónita, le dije a mi hija que le dijera (sí, así fue, toda una secuencia de mensajes) que no tenía problemas, que hiciera lo que le pareciera, me resultó algo gracioso. Y me olvidé del asunto.
Tiempo después, en enero de 2019, mi hija me envió una foto publicada por esta persona, con mi "Atenea Criolla" tatuada en su pierna. Tardé mucho en reaccionar, me impresionó enormemente, ¡fue muy fuerte!
Que una obra sea elegida por alguien a quien no conozco, para ser llevada ad eternum en la piel, lo consideré un honor y un regalo para el alma.
viernes, 7 de octubre de 2022
Los desnudos humanos
Hace un tiempo me preguntaron: ¿Qué se siente al ver una persona desnuda? Y así fue mi respuesta:
Pues, como mujer, aunque parezca contradictorio, no siento absolutamente nada que no sea la atención para escudriñar los planos y las líneas que yo pueda rescatar para hacer mi obra. Nada más. Y eso es un fenómeno que nos sucede a todas las mujeres artistas plásticas desde nuestra más tierna adolescencia.
"Plenitud", boceto en lápiz, Elizabeth Eichhorn.
Acostumbrada desde adolescente a ver los cuerpos desnudos como modelos de referencia o de inspiración para alguna obra, para mí un desnudo, ya sea masculino como femenino es sólo un elemento más, una herramienta de trabajo.
Los consulto para refrescar, desde la fuente, la anatomía en cada detalle, líneas y volúmenes. La luz sobre los planos, el dinamismo de los escorzos. La acción de las articulaciones y la tensión, si cabe, de los músculos que necesitamos para realzar una expresión.
"Poseidón", modelado en arcilla, Elizabeth Eichhorn.
Si lo que te da curiosidad, según tu pregunta, es sobre el posible erotismo que nos pueda producir, lamento decepcionarte, porque nada de eso nos sucede a la hora de tener un modelo delante, por bello que sea, en persona o en fotos, incluso en espectáculos de striptease a los que he ido. No se nos mueve un pelo, en serio.
Detalle de "Poseidón".
Que no es lo mismo sentir atracción puramente plástica por el modelo —repito, indistintamente del sexo— que sentirse seducida por alguien que se lo propone, en circunstancias íntimas muy especiales y puntuales con nosotras.
Eso, es muy otra cosa.
"Descanso", boceto a lápiz, Elizabeth Eichhorn
jueves, 6 de octubre de 2022
Caronte, el barquero del inframundo
Por Roberto Vázquez, editor, traductor, articulista, Chile.
Los textos clásicos de mitología no ofrecen información sobre lo que hacía Caronte con los óbolos que le entregaban los muertos.
Sí se puede asegurar que al menos una parte de sus ganancias, si no el total, debía rendírsela a su jefe. Prueba de esto es que cuando, por razones desconocidas, dejó pasar a Hércules, fue encarcelado durante un año por no cobrarle una rama de oro que proporcionaba la sibila de Cumas, precio usual en ese entonces para ceder el paso a los vivos. Considerando su ocupación, su jefe no podía ser otro que Hades, rey del Inframundo. Esto da lugar a preguntarse en qué gastaría Hades lo que Caronte recaudaba, pero tampoco sobre esto hay información.
Ahora bien, considerando que Hades era una porquería de individuo y en extremo codicioso, si algo le quedaba de lo recaudado, no existiendo la bolsa de valores ni los bitcoins, debía acumularlo en oscuras cavernas heredadas de su padre Érebo, a semejanza de lo que hacía Tío Rico McPato.
No obstante lo antedicho, no todos los óbolos que se colocaban a los muertos eran para abonar a Caronte por el cruce del Aqueronte (según Pausanias o Dante) o del Estix (de acuerdo con Virgilio). Según la arqueóloga y profesora de la Universidad de Cádiz Alicia Arévalo, muchas de las monedas que los antiguos se llevaban a la tumba no eran para el barquero, sino que habrían cumplido la función de talismanes.
A primera vista, resulta curioso que Χάρων (Khárôn) —tal el nombre de este personaje en griego antiguo— signifique "brillo intenso", si consideramos sus características y su entorno. La cuestión se aclara cuando entendemos que χάρων es una forma poética de χαρωπός (kharopós, "de mirada aguda"), que alude a sus ojos feroces y llameantes.
Otros relacionan su nombre con el del río Aqueronte, en griego antiguo, Ἀχέρων (Achérōn, "doloroso"), es decir, "río del dolor". Este río existe en realidad, en el Epiro, región noroccidental de Grecia, y se creía que era una bifurcación del mitológico cauce del Inframundo.
"Caronte", magnífico grabado de Gustave Doré, para "La Divina Comedia" de Dante Alighieri.
lunes, 3 de octubre de 2022
El Arte no está al servicio de nadie
El arte no está al servicio de nadie, simplemente existe, es. Es una herramienta por la cual quien lo requiera, y más aquellos que viven para él —los artistas—, tienen cosas que expresar porque lo traen dentro por vocación. Eso es lo que debe ser.
Que alguien o algo lo quiera tener "a su servicio", es otra cosa. Si el poder, tanto de Estado como religioso o institucional se vale de él para propagar, influir y comunicar sus puntos, eso lo puede convertir en una suerte de "arte mercenario". El artista que se presta cede porque tiene que sobrevivir, aunque eso lo hace cómplice.
El arte —gráfico, escultórico, literario, musical— existe para que seamos libres de expresarnos, desde que gateamos en nuestros albores de la vida, hasta los que vivimos para él y por él en la adultez. Es tal como las ciencias, existen para saber, sondear, descubrir, explicar, crear, el arte no es menos. Que no es cierto lo que se dijo que es algo propio de "los que tienen más dinero", eso es absurdo, el arte está en las manos del que dibuja sobre la tierra, si cabe, que pinta sobre papel de diario o amasa barro del jardín.
Así como los estudios y descubrimientos de ciertas ciencias son aprovechados por los inescrupulosos para utilizarlos para la guerra o el mal, también el arte, que nació libre y que puede ser utilizado para despertar conciencias liberadoras y llevar luz, es aprovechado por aquellos que nunca faltan y se valen de él para comunicar sus mezquinos y velados mensajes adoctrinantes, de acuerdo a sus intereses creados.
Como las aves que existen porque sí y no están al servicio de nadie, sólo son explotadas, esclavizadas y cortadas las alas para el egoísta provecho de algunas personas, a costa de su libertad, ellas no son para que alguien se valga de ello para mal utilizarlas.
No es culpa del arte, es culpa del ser humano.
Magníficas y expresivas obras de Shamsia Hassani.