miércoles, 27 de julio de 2022

¿Qué ha pasado con la buena música rock de siempre?

Por Gustavo Guardiola, compositor y bajista. Profesor de composición por más de 26 años. Fundador de Penguin Bop. Autor de libros: ¿Cómo componer un tema? Los fundamentos melódicos, armónicos y estructurales y su aplicación en la creación de temas en estilo clásico.

¿Qué pasó con el rock? Uy, pues que se nos vino una revolución tecnológica que fue benéfica para muchas cosas y letal para otras; el rock no aguantó el golpazo, y no sólo el rock; el jazz y en general toda forma de música que fuera consumida por el gusto de escucharla, está en una situación similar.

¿Por el gusto de escucharla? ¿Qué no sería ésa una característica común de toda la música? -Pues, mire usted, no. Hay mucha música que ni se compone ni se escucha por gusto. ¿Por ejemplo? Yo diría que mucha música académica. Si vive de becas y de financiamiento del estado, es porque no hay quien la compre. Y no necesariamente lo digo en términos despectivos, pero, admitámoslo: la música atonal, el post-post-post-estructuralismo, el post-minimalismo, y todos sus etcéteras, tienen públicos muy limitados. No es el gusto del público el que la mantiene económicamente.

Aunque hay que decir que la industria musical cometió algunos errores fatales antes de que entráramos en la era de internet. Uno de ellos fue que la industria musical se llenó de tecnócratas que no entendían un carajo de música y tampoco de negocios. Se suponía que era gente que tenía visión, que tenía instinto del mercado. En realidad eran puros charlatanes que conforme transcurrían los últimos años del siglo XX se pusieron a apostar por fórmulas trilladas, y dejaron de correr los riesgos normales que conlleva estar en el negocio de la creatividad y del arte. Se les olvidó que la música es un arte, y el artista requiere una cierta libertad y un mínimo de flexibilidad.

No es tan difícil entender qué es lo que pasó. Lo vemos todos los días con lo que pasa con el cine. Puros refritos o revivir personajes de historietas y hacerlos aparecer una y otra y otra vez. Al rock le pasó eso: Una aparente profesionalización de la administración de las disqueras que dejaron de entender al artista y privilegiaron formas de hacer música mucho más baratas y fáciles.

Te voy a poner un ejemplo que vi de cerca. Vamos a suponer que tú fueras un rockero en los años 90, que viviera en México y que hablara español como lengua materna. Vamos a suponer que estuvieras persiguiendo la idea de conseguir un contrato con algún gigantón de la industria, digamos con Sony Music. Bueno, Sony Music tenía una estigmatización muy clara y muy dura con sus artistas. Para el público blanco, estaba el Sony Music "WASP", el que grababa a los güeros, a los rockeros. Para los negros tenía su área negra, que grababa a los de rythm and blues o hip hop o rap, y para los latinos tenía a Sony Music Latino. La sede de la división latina estaba en Miami, y si tú querías grabar con ellos tenías que ir allá y presentarte como un músico "latino". ¿Y qué significaba eso? Significaba que ibas a tocar baladas tipo Luis Miguel, o ibas a tocar algún tipo de pop muy estándar y muy descafeinado, de chavos que bailan y que van al gimnasio y se meten a la cámara de bronceado; o bien, que ibas a tocar música "latina", es decir, algún tipo de música afroantillana: salsa, merengue y merequetengue, o bien, cumbia norteña o tex-mex. Si eres latino, tú no haces rock: tu haces música bailable: señorita, margaritas y chile con carne, coronitas, cinco de maio y Virgin Mother of Guadalupe, o cumbias norteñas que hablaran de narcotraficantes y de mover el cul0.

A esa gente no le cabía en la cabeza que alguien en algún lugar de Hispanoamérica hiciera algo que se saliera de los estereotipos más burdos. ¿A quién se le ocurrió tan brillante idea? A algún pinche yuppie. Estigmatizaron al público y a los músicos, los dividieron por razas y zonas, como si fuéramos no sólo perros, sino sus perros, y lo curioso es que funcionó por algún tiempo, pero no funcionó para todos ni para todo.

Para alguien que hace cumbia norteña, que le gusta hacer canciones de narcos y que se puede pagar un boleto a Miami, la cosa funcionó. Pero con tantito que te salieras del estereotipo, la cosa ya no funcionaba.

Sí existieron algunas divisiones dedicadas al rock en español, pero aún así, tenía que tener un sabor local muy notorio. Y tú dirás que eso afectaba en todo caso a los latinos y a los negros, pero, ¿y qué pasaba con los blancos? Bueno, también tenían que apegarse a sus estereotipos y a lo que dictara la moda. Una moda que esos yuppies tampoco entendían muy bien. Veían como moda lo que es una forma de creación artística por derecho propio.

Si un grupo de rockeros tenía éxito, se favorecía a los que se les parecieran y se descartaba a los que llegaran con una forma distinta de hacer música.

Si un rockero tenía éxito… había que buscar a otro que se le pareciera.


Pero las cosas no funcionan así en la música. No es con fórmulas como predices quién tendrá éxito y quién no.

Y luego, las disqueras entran en la bolsa de valores y se tienen que someter a la normativa de las grandes corporaciones. Y de repente tienes empresas que viven de la creatividad de sus músicos, alineándose a políticas que fueron pensadas para invertir en papel, acero y azúcar.

Entrar a la bolsa de valores exigía ajustarse al calendario, a presentar proyectos puntuales en tiempos puntuales y a cumplir metas que estaban fuera de las posibilidades de la industria musical.

Ahora la decisión de financiar a un músico pasaba por una serie de informes y lo que los inversionistas decidían en favor del bajo costo, el mínimo riesgo y el menor tiempo de recuperar la inversión. La forma de calendarizar un contrato discográfico en los 70 era por proyectos a un año. En ese tiempo el grupo componía, se metía al estudio, grababa, editaba, mezclaba y masterizaba. Era un buen tiempo para tener un disco terminado y promoverlo con una gira.

Pero para el nuevo formato, un año era demasiado. Los tiempos se redujeron a 3 meses. Los rockeros de la vieja escuela no podían comprometer con esos tiempos, porque el nivel de detalle de un disco de los 70 o de principios de los 80 era mucho. Cualquier disco de Queen o de Pink Floyd tiene cientos de detalles en cada canción. Era mucho lo que se hacía con cada una de ellas para hacerla una obra de arte. Campanitas por aquí y por allá, un tren, unas risas grabadas con una cassetera casera, programar teclados, y por supuesto la parte meramente musical de hacer la canción, ensayarla y tocarla. Todo eso se toma su tiempo.

Pero en tres meses, con presupuestos muy magros, para lo que alcanza es para meter unos loops y una fórmula que funcione. En el hip hop hasta la mezcla es siempre igual. Adiós a que el ingeniero se ponga a experimentar; adiós al productor metiendo al baterista en una alberca buscando la sonoridad exacta, como lo hacía Led Zeppelin. Adiós a los experimentos de Van Halen en la consola de grabación, doblando guitarras con distintos efectos para darle ese efecto tan potente y tan característico de su estilo.

El rock entró mal al nuevo siglo, y además entró bajo amenaza, con un público demasiado ávido de descargarse gratuitamente miles de horas que jamás iba a escuchar, pero demasiado avaro como para pagar por la música que decía que le gustaba escuchar.

¿Quiénes se pueden pagar el lujo de meterse a un buen estudio con un buen ingeniero y un buen productor? Sólo los que ya tenían éxito y mucho dinero. Pero ni siquiera músicos famosos, ni siquiera los verdaderos rock stars consiguen recuperar la inversión de la grabación por medio de la venta de discos. Hoy en día se vende muy poca música. En donde se recupera y se gana es en los conciertos. Pero los conciertos masivos son para unos pocos. Sí, si eres Metallica puedes llenar un estadio y llevarte un millón de dólares en una noche. Pero, ¿cuánta gente puede llenar un estadio? Eso no está al alcance de un músico que no haya tenido una enorme inversión publicitaria por muchos años.

El presupuesto para la promoción de un disco en los 90 iba de los 100,000 usd al millón de dólares. Cuando se ha tenido diez años de promoción, el público alcanza varios millones de personas en cada país. Se dice que Queen vendió más o menos 300 millones de discos alrededor del mundo a lo largo de toda su carrera. Por supuesto Queen tenía una calidad musical y un talento enorme. Pero aún con ese talento, llegar a vender esas millonadas de discos no se hace sin una gran inversión y campañas mediáticas gigantescas. ¿Cuántos artistas de primer nivel, hoy en día, se pueden gastar un presupuesto de 20,000 dólares para hacer un disco y promoverlo? Además, sin mucha posibilidad de recuperar la inversión, porque no van a vender discos; para ganar tienen que hacer conciertos masivos, es la única manera.

Un jazzista con un disco de platino gana por Spotify en un año más o menos unos 150 usd. Te alcanza para unos pantalones. Y un jazzista muy rara vez tiene un público masivo. En los mejores clubs de jazz en Nueva York no creo que quepan más de 150 personas. De hecho, en el Village Vanguard de Nueva York caben 123. ¿Cómo le haces para recuperar la inversión de un disco?

Un grupo como King Crimson, que ha tenido éxito a nivel mundial, que tiene una trayectoria de décadas, y que es en definitiva un gran, gran grupo, cuando vino a México tocó en el teatro Metropolitan, que tiene un aforo de 3,165 espectadores. No está mal, con un par de conciertos salen las cuentas, pero eso dista mucho de ser un gran negocio, considerando que es una banda legendaria, y que mover esa cantidad de equipo, personal, y todos los gastos que conlleva hacer un gran concierto, no es nada barato.

Entonces, pues mire usted, esto es lo que hay. No, no van a salir grandes producciones en un buen tiempo. La buena noticia es que va a seguir habiendo músicos, va a seguir habiendo grandes canciones. No van a tener la difusión que tenían antes, y probablemente ni siquiera te enteres de cuando haya por ahí un gran músico que haga algo excepcional, porque sus posibilidades de promoción serán muy limitadas. Tampoco serán grandes grabaciones de estudio como en otras épocas. Serán grabaciones semicaseras, o en estudios modestos, y no tendrán todos los detalles que había en los discos de los 70 y 80. Pero música, seguirá habiendo.

Y sí, de vez en cuando, a nivel local, habrá grupos que se vuelen la barda y que quizás lleguemos a conocer. Es posible que cuando la pandemia realmente se haya ido, o al menos cuando no cause ningún problema, todas esas ganas de salir a la calle y de oír música, toda esa presión contenida, esas frustraciones por las que todos hemos pasado, se terminen metabolizando en alguna forma de expresión musical que nos mueva el piso. Puede ser que suceda. Puede ser también que al público se le quite un poco lo frívolo y deje de estar mandando mensajitos en WhatsApp mientras el tipo del escenario deja el alma en una canción.

En esta década, tarde o temprano todos los grandes rockeros del siglo pasado irán abandonando el escenario. La gente que hizo la cultura musical del siglo XX irá cediendo el paso a los que vienen. Soltaremos una lagrimita nostálgica y tendremos que dejar ir a ese siglo XX que tantas emociones nos ha dado. Mucha de esa música seguirá con nosotros. Recuperaremos cosas que no sabíamos que nos gustaban de aquellos años, pero tarde o temprano, veremos lo que tienen qué decir quienes no habían nacido cuando murió Freddie Mercury. Démosle tiempo al tiempo y no los jodamos con frivolidades ni tacañería. Si hay un disco que te gusta, cómpralo.

 

martes, 26 de julio de 2022

La labor docente

 Muchas veces nos hemos encontrado, siendo docentes ante una clase, con alumnos a quienes les cuesta asimilar un concepto. ¿Qué se hace, entonces? Hay que buscar el modo. Agotar todos los modos, y si aún así no resulta, resignarse a que hay personas muy normales que no tienen ningún tipo de afinidad con el tema que se les está explicando. Ninguna.

Tuve un alumno, un señor, que concurría puntualmente a todas mis clases de dibujo, no faltaba jamás. En cierta oportunidad me tocó explicar los escorzos, la técnica para dibujarlos correctamente. ¿Qué es un escorzo? Es la torsión de una estructura. Comúnmente suele tenerse como la perspectiva con la que se planta una figura cualquiera en relación al ojo del espectador, pero el que yo estaba explicando era la torsión, el escorzo, que perspectiva no es lo mismo que escorzo, aunque la perspectiva puede incluir al escorzo. Tanto una como la otra distorsionan la figura que estamos viendo. Veamos un ejemplo dibujado por Rafael Robles:

Esto es una perspectiva sin escorzo

Y esto es un escorzo, en donde vemos los distintos planos enfrentados, la estructura de la figura en distintas direcciones, que incluye la perspectiva.

En escultura, este es uno de los más famosos escorzos que existen, es un clásico, observen el torso rotado sobre la cadera, los planos se enfrentan a distintas direcciones.

Para ver algo más complicado en su composición, nada como el "Rapto de las Sabinas" de Giambologna, una verdadera rosca humana.

Este señor, muy aplicado y apasionado por las clases, no lograba entender la técnica para plantar un escorzo. Miraba atentamente el pizarrón y llegaba a sentirse afligido porque me decía "no entiendo", hacía preguntas y no daba pie con bola.

Hasta que se me ocurrió dibujar un papel, una hoja de papel, la hice primero enfrentada, sin perspectiva alguna, de modo lineal. Luego la dibujé como una hélice, torciéndola. Y para ejemplificarla tomé una hoja real y le hice lo mismo. Se le iluminó la cara y gritó "¡Ya entendí!", con una sonrisa de alivio.

A veces es un bloqueo temporal. Otras veces es, lisa y llanamente, incapacidad de entender, porque tuve otra persona entre los alumnos que no había manera de hacerle trabajar esa técnica, decía "si si si" pero no lograba esbozarla correctamente en el papel y vaya que puse mi esfuerzo con montones de ejemplos durante mucho tiempo. Es que todo no es para todos, es lógico, es normal.

De lo que sí estoy segura es de que hay que agotar el modo, buscar una manera lateral de decir las cosas, vaya que nos agudiza el ingenio. Y si no lo logramos, al menos pusimos todo de nosotros para que la explicación se entendiera.

lunes, 25 de julio de 2022

Niños valientes de la historia

 La historia del mundo nos cuenta de muchos niños valientes que merecen ser recordados. Me limitaré a hablar de uno que casi nadie que no sea argentino conoce, y es la historia de Pedrito Ríos.

En épocas de las luchas en contra de las invasiones y conflictos armados en Sudamérica, en mi país cada zona libraba su batalla, y en el caso de esta historia, bajo las órdenes del General Manuel Belgrano. Pedrito, que había nacido en la actual Concepción —antes llamada Yaguareté Corá—, en la provincia de Corrientes, tenía doce años cuando, después de mucho insistir y ser rechazado, aún con el permiso de su padre, logró que Belgrano accediese a sumarlo a su tropa libertadora en su expedición al Paraguay, con la condición de que sólo se hiciera cargo de las funciones de la retaguardia, fortificando las carretas del parque de armas y atendiendo el hospital de campaña.

El 19 de enero de 1811, ya se cumplieron 211 años, Pedrito tuvo su bautismo de fuego en la batalla de Paraguarí, y al ver que el tamboril tuvo que abandonar el instrumento para sumarse a la lucha, y tras observar que el Coronel Celestino Vidal, que padecía de importante ceguera —esos hombres que aún así salían a la batalla…— , se había quedado sin la guía del sonido, y sin decir agua va, el niño tomó el tambor y corrió a la vanguardia junto al Coronel, para indicarle con el ritmo de los golpes de las baquetas sobre el parche, por dónde ir la batalla. La tropa volvió a escuchar el estímulo del instrumento producido por un niño al que no le importaba el peligro.

En la batalla de Tacuarí, el 9 de marzo de 1811, el muchachito seguía siendo el lazarillo tamborilero del ahora Mayor Vidal, guiándolo en las contiendas. Esta vez no tuvo suerte y dos disparos le alcanzaron en el pecho, haciendo que Celestino Vidal dejara la lucha para asistirlo sin éxito, ya que el niño murió en sus brazos. El Mayor dejó escrito el dolor que le causó esa pérdida de un ser muy querido, que en esa batalla le salvó la vida al detenerse para asistirlo, evitando que cayera en la contienda como todos los demás soldados de su ala.

Existen esculturas y pinturas en donde se representa al Tamborcito de Tacuarí, como fue bautizado en la historia, con uniforme de húsares o un traje de levita antiguo y actitud agresiva en batalla. Eso es inexacto, las tropas apenas tenían uniformes y el niño valiente sólo usaba harapos de unas prendas civiles, las únicas que tenía.

En las memorias del General Belgrano quedó el recuerdo más caro del Tamborcito, junto al otro recuerdo de las valientes Mujeres de Ayohúma, que hicieron que su ejemplo no fuese en vano, como manifestación de un pueblo civil que se ofrenda por la libertad.

"Pedrito Ríos", escultura miniatura de Elizabeth Eichhorn.

domingo, 24 de julio de 2022

La inspiración

Sobre la inspiración hay mucho campo para hablar, se puede recibir una idea en la mente en cualquier momento, caminando en la calle, bañándonos, despertando temprano y aún medio dormidos, comiendo, mirando un paisaje, ¡plop! y ahí ya nos pican las manos para ir al taller a hacerla. También trabajando en la obra, se nos viene ¡plop! una idea diferente y nos apuramos a terminar lo que estamos haciendo para poner manos a la otra nueva idea.

El tema es que cuando se está haciendo esa nueva obra ya se nos viene ¡plop, ¡plop! otras dos más a la cabeza. Es como una máquina, más está en funciones, más se lubrican sus engranajes y mejor funciona. Te apurás febrilmente con la que estás haciendo ahora y ponés manos a la obra en la nueva idea, pero, oh, mientras hacés esta vienen cuatro ideas más…

Exactamente lo que estás pensando, nunca jamás alcanza la vida de un artista plástico para hacer todas las ideas que tiene en la cabeza, se limita solamente a hacer lo que puede y como puede. Por eso Picasso decía que mayormente "la inspiración nos encuentra cuando estamos trabajando", la cabeza es una máquina con engranaje muy aceitado cuando está en acción.

Cierto día necesité hacer una escultura de una niña, más precisamente una figura de tamaño natural que representase a la hija del General José de San Martín, Merceditas. Ya tenía todo armado en mi cabezota, su cabello, su simbólico moño, su historia de medallas y muñecas, su ropa de época con puntillas, su actitud. No veía la hora de empezar a plantarla sobre la mesa de trabajo pero, como en todo, necesitaba un disparo de largada para empezar y para ello pensé en mi sobrinita S., ella tenía seis años, justo la edad de la niña que yo quería representar, era perfecta.

Llamé a su madre, recuerdo con exactitud que era las 15 horas de un tranquilo sábado de invierno, le pregunté si estaría en su casa, y a su respuesta afirmativa le dije si me permitía ir una escapadita, sólo quince minutos para tomarle a la nena unas medidas y un par de fotos. Me dijo que ahora no podía y que el jueves siguiente me diría cuándo podría ir.

Imagínense a una persona que quiere algo para el día anterior, con un volcán dentro del pecho largando humo y a punto de erupcionar, me resultaba imposible esperar tantos días. Así que acto seguido llamé a mi infalible amiga G., cuya hijita P. era un poquito mayor que mi sobrina, pero al ser de contextura menuda podría lo más bien hacerla pasar como de seis años.

Exactamente cinco minutos tardó mi amiga en venir a mi taller en su coche, con la nena. Saqué las fotos, le tomé medidas, tomamos café y se fueron las dos, todo en media hora.

La "calentura" por trabajar en algo que en la cabeza quemaba me hizo crear la obra hasta casi terminarla a la noche y ajustarle los detalles al día siguiente, dejándola lista para moldes y vaciados. Yo estaba feliz. Y aliviada.

El tema es ese: dejas pasar la inspiración sin elaborarla enseguida en el material, y la perdiste.

"La hija de don José". Elizabeth Eichhorn. Museo de la Ciudad de Arrecifes, Argentina.

lunes, 18 de julio de 2022

Hornear cerámicas en casa

No existe método totalmente fácil para hornear piezas de cerámica, si se quiere obtener piezas bien bizcochadas, esto es, bien cocidas como para que aguanten el uso ad eternum. Se puede secar mucho en un horno de cocina dos horas al máximo de temperatura pero no quedarán bizcochadas, sólo secas y muy "mirame y no me toques".

Si no se posee un horno de cerámica, hay quienes te lo hornean por un módico precio, ya que los ceramistas suelen hacer eso en sus talleres, además de bizcochar sus piezas incluyen piezas de otras personas y cobran proporcional a las demás piezas que cargan el horno, dividiendo el gasto. Si no tenés eso, tendrás que recurrir a un espacio de tu casa, con tierra.

El modo en que los catamarqueños, como todo artesano del noroeste argentino, cocinan sus piezas en sus patios, es en un pozo hecho a pala en su tierra seca, de al menos un metro de profundidad. Si van a quemar cinco o seis piezas pequeñas, el diámetro del pozo sería, por lo menos, de 80 cm.

Como en este momento no estoy con mi pc y mis archivos de fotos sacadas en esas experiencias hermosas de mi paso por el norte entre amigos descendientes de diaguitas, pondré como ejemplo fotos rescatadas de Google.

Sólo un pozo, no necesita más, aunque hay quienes, más exquisitos y que hornean con más frecuencia, si tienen ladrillos refractarios los apoyan en sus paredes y con ello se aseguran una mayor temperatura.

Se echa bastante pasto, heno, follaje seco en el fondo, se acomodan brasas encendidas, muchas, se coloca más follaje y las piezas acomodadas arriba, en lo posible sin tocarse. Se cubren de más follaje y se pone encima más brasas y luego se tapa con una chapa y tierra, con un tubito en el medio que le permita salir humo y entrar aire, tardan toda la noche ardiendo. Mucho lío ¿no?

Hay un sistema que convierte a sus obras en piezas tipo rakú, un esmalte para este tipo de horno, muy bello y característico. Aun sin esmaltar las piezas quedan muy hermosas, bizcochadas y manchadas con una tonalidad entre gris oscuro y plateado tipo grafito, realmente bonitas. Muy casero y eficaz.

Se busca una lata grande, como de 20 o 30 litros, se le pone unos 15 cm de aserrín, se acomodan las piezas y se tapan con el resto de aserrín, se hace un pozo en medio y se mete en él un buen bollo de papel de diario, se echa un lindo chorro de kerosene para que se empape el papel y luego acomodar la lata sobre piedras o ladrillos comunes para que quede separada del piso. Algo muy parecido a esto:

Dejar unos pequeños agujeros en las paredes de la lata, no demasiados, con diez bastan; las piezas de arcilla deben tener al menos seis o siete centímetros de aserrín alrededor, y más cantidad arriba y abajo. Se usa el kerosene porque es de combustión lenta. Se tapa la lata luego de encender el kerosene del papel con el fuego. A la tapa se le hace también un agujero pequeño y si tenés un caño metálico, mejor, hará de chimenea y de guía, además de evitar que cualquier corriente de aire te afecte el horno. Hay quienes en vez de kerosene ponen brasas ardiendo.

Va a arder muy lentamente, cuando veas salir humo de la chimenea improvisada es señal de que todo va bien. Lleva horas, no hay que tocarlo, que vaya quemando todo despacio.

Quedan preciosas las piezas manchadas, cuando se apaga y se enfría todo. ¡No abras si está caliente! Se rajarán todas las piezas con el cambio de temperatura.

Te he hecho a grandes rasgos una reseña muy breve, estoy segura de que al experimentar te entretendrás mucho y, como todo, es prueba y error, para perfeccionarlo. Es un hermoso trabajo para el domingo. Ojalá te sirva todo esto, que lo disfrutes.

La ciudad más bella de Italia

 Sabemos que, al decir de los irreductibles galos que resistieron ayer y siempre al invasor, Roma sería la ciudad más prodigiosa del universo, al menos en Italia.

Le siguen muy de cerca Venezia, Milano, Palermo, Genova, y tantas otras que están a la misma honrosa altura tratándose de belleza, idiosincrasia e historia.

Pero para mí, la ciudad más prodigiosa del universo es ¡Firenze! Para mis caros sentimientos, es la que me provoca ir y volver muchas veces sin cansarme en absoluto.

En Firenze están mis más grandes y admirados escultores, Michelangelo y Luca Della Robbia, portentos increíbles que me anudan la garganta de emoción.

En Firenze sus callejuelas retorcidas de piedra,

su Ponte Vecchio sobre el río Arno al amanecer y al atardecer,

su Campanario del Giotto que domina la ciudad, su Academia, su Museo de la Opera del Duomo con las herramientas que se usaron para levantar la Cúpula de Bruneleschi…

Sus pizzas cortadas a medida,

su exquisita repostería,

sus músicos a la medianoche y su público bailando el vals en la calle al compás de sus melodías, sus Pinoccios diminutos,

sus madreperlas, corales y sedas naturales, artesanías propias de la ciudad desde siempre,

¡el Palazzo della Signoria!

¡su Logia de Orcagna!

…y la obra de escultura más prodigiosa del universo también…

No seguiré cansando a los lectores con mi renovado mal de Stendhal florentino, sólo les dejo mi amor por una de las ciudades más preciosas del mundo y, para mí, la más importante de Italia en mi corazón.

Los diseños de monumentos

 Muchas veces la opinión de las personas señala errores que les parece ver en alguna obra. Muchas veces no existe tal error de diseño, sino error de interpretación, por lo menos, en lo que a mí me compete, el arte. Puede darse, no un error propiamente dicho, sino un detalle que faltaría completar para que el diseño sea más armonioso. Pero, como todo en el arte, es subjetivo, hay veces que nos parece que le falta algo y no, la obra está perfecta.

Por ejemplo, hay en mi ciudad un monumento que se llama "Alas de la Patria", una obra realizada en homenaje a la Aeronáutica Argentina, la escultura la creó Wilfredo Viladrich y la estructura del basamento, el Arquitecto Luis E. Boiso. Este monumento fue inaugurado en 1973.

Consiste en una figura femenina alada, de bronce, que se lanza al espacio con los brazos elevados, portando una simbólica corona de laureles en sus manos. El conjunto tiene una altura de casi 13 metros y se encuentra junto a la costa, de espaldas al mar.

El monumento es éste:

Como ven, la alta y delgada aguja que sirve de base a la figura alada, está quebrada en su línea con ella. Escuché muchas veces criticar ese efecto, considerando que, "en armonía con el conjunto", la figura debió alinearse con la aguja. Algo así como esto:

Y yo respondo que no. Que está perfecta como está, porque de ser una línea continuada, se perdería el efecto de la figura, que da la impresión de estar por lanzarse al vacío. De la forma que se "pretende", según algunas críticas, pierde ese efecto, tornándose rígida e inexpresiva.

De ahí que afirmo que cuando consideramos que hay un error de diseño, eso no existe. El escultor y el arquitecto sabían lo que hacían o, de atrevernos a decir que es casual, lograron algo genuino.

¿Acaso no parece un ave a punto de volar?